¡Empieza el matriarcado!

Nairobi2

Ya mucho se habló de lo superador que resulta que el mundo del espectáculo se esté dando el lugar a debatir el feminismo, y que Rial como abanderado intruso del movimiento, reivindique el derecho al aborto. Bien, listo, llegamos a los medios. Ahora Doña Rosa puede saber que para abortar se usa misoprostol y no una percha, genial, sigamos. (De todas formas, no es poca cosa en un país con tanto mito sobre la interrupción de un embarazo).

¿Qué más hay en la televisión? Pongámonos serios, hablemos de femicidio, aplausos a TN mostrando la cruda realidad, exponiendo cada detalle de los casos, porque claro, es más  útil saber qué ropa interior usaba la víctima antes que darle identidad. Sigamos, sigamos, ya encontrarán al culpable y quizás prendan fuego algo durante alguna marcha en nombre de aquella joven, “la fanática de los boliches”. Nos actualizarán sobre el caso quizás. De justicia ni hablemos. ¿Aunque quizás?… No.

Ya fue, pongo Netflix.

Otra noche de películas, otra serie devorada, una menos en el listado hacia la deconstrucción. Tic, tac, se hace tarde, mañana tengo que ir a la asamblea para organizar el 8M. Que fantástico como trabajamos contra el patriarcado.

“Bella Ciao, Bella Ciao, bella ciaociaociao” – Cántico partisano italiano antifascista.

Lo simpático de retratar una contemporaneidad donde los debates feministas llegan incluso por los portales más arcaicos de nuestros hogares, como ser la televisión, es caer en lo mucho que nos falta aún para surfear aquella tan ansiada tercera ola.

Creo desde la humildad de una académica costumbrista, que la mejor exposición para un artículo que puedo hacer va de la mano de lo autobiográfico, situar la lucha en el camino recorrido en un año entero de militancia feminista, en una vida entera de lucha desde la disidencia.

Cuando trabajo el concepto de disidencia voy un paso más allá de la diversidad, en el  marco de la lucha por las reivindicaciones de lxs colectivxs LGBTIQ. Aquellxs auto percibidos disidentes no sólo no cumplimos con la cisheteronorma obligatoria, sino que luchamos por imponer el desacuerdo a un sistema más grande que el que los oprime individualmente. Ese desacuerdo sostiene una unidad ideológica que construye el universo “mostro” del que formo parte, del que formamos parte cada vez más individuos y colectivxs. Buscamos separarnos de nuestrxs opresorxs, y construir una alternativa que no se rija solo en cuanto a garantizarnos derechos civiles, sino en marcar una fuerte intervención social rompiendo los marcos que siempre fueron estatuidos como la normalidad. Somos la resistencia al “CIStema” heteropatriarcal que nos fuerza a ser lo que no somos y nos encasilla sin libertad de ser, porque no representamos su semejanza normativa. Nos convocamos como lo otro, lo distinto, lo disidente.

“Que otrxs sean lo normal”, nos reza Susy Shock, matriarca trava, pitonisa de un espectáculo apogéico en la lucha feminista. El escenario de exposición que enfocaron está siendo el de la revolución de los pañuelos verdes y las consignas de empoderamiento en las estampas de afamadas marcas, lo que buscábamos realmente, llegar a la masividad, ser escuchadxs ¿o no? “Mujer bonita es la que lucha”, “The future is female”, “GrlPwr”, “Girls just wanna have fun-damental human rights”, “Fight like a girl” .

¿Qué más puede querer un movimiento que lucha por la igualdad de derechos, que ser oído? ¿Qué más puede pretender un colectivo al cual se le ha negado la visibilidad, que tener la cámara ahí prendida? Dispuesta a enfocar la belleza de su noble lucha. AIRE, Dale play, ahí las ves, grabá, en vivo, likelikelikelike, COMPARTIR. Juguemos a “Black Mirror”, y con ello influenciemos desde las nuevas tecnologías a un público extenso, que consume sin parar.

Si Ud. lector sintió ironía en las palabras precedentes, está entendiendo que el juego que nos propone el capitalismo no es más que un chiste, un minuto de fama que ni podemos perder, ni podemos conquistar. La conquista capitalista ya la tienen otrxs, nunca fue nuestra, ni lo será. ¿Nos rendimos entonces? Jamás, el alboroto nos sirve para ir con más fuerza hacia la ola.

Un camino es convertir lo que son las olas del feminismo en un gran tsunami que abarque todas las esferas de la desigualdad: la de género, la de clase, la de capacidad, la sexual, económica, étnica, cultural, y todas desde la interseccionalidad. Es decir, entre comprender al gran sistema de desigualdad patriarcal como un todo opresor que vulnera minorías y mayorías en sus múltiples arenas interconectadas, donde claro, por ejemplo: ser mujer negra y pobre es estar en lo más bajo de la cadena, ni hablar de ser lesbiana en ese contexto o trava, qué horror, ¿no?

La literatura clásica feminista sitúa una división histórica de la lucha feminista en tres etapas caracterizadas como olas. Es prioritario igual señalar que la mirada histórica que retratamos solo perfecciona el análisis desde una arista que deja de lado por ejemplo otros elementos de opresión que paralelamente limitaban avances iguales para todas las mujeres, por ejemplo las limitaciones étnicas en el periodo esclavista.

Pero bueno, continuando con este ordenamiento, la primera ola, cuestionó la desigualdad entre hombres y mujeres cis blancos de cierto estrato social alto, concediendo a fuerza de lucha femenina, reconocer derechos universalistas a ese segmento que no aceptaba seguir siendo tomado como de menor valía dentro de la sociedad. Tras saldar mínimamente los derechos de humanidad, educación y derechos básicos a las mujeres (de vuelta, insistimos en una mirada superficial beneficiosa solo de minorías femeninas privilegiadas), se estatuyó el periodo liberal garantista de la segunda ola. La batalla por el derecho al voto y el reconocimiento como sujeto político instauró un movimiento rebelde que no reparó en darlo todo, hasta la propia vida, para acceder a la voz pública femenina.En el camino no fueron pocas las que recibieron cárcel y castigo, las que perdieron todo en pos de que lleguemos al cuarto oscuro, entre otros derechos políticos arrebatados al patriarcado. (Ya que millenial, en Netflix “Las sufragistas” le garantizará a Ud. lector vanguardista una amena velada). Finalmente saludamos desde el feminismo de la tercera ola avances en lo social y político que nos  permiten replantearnos los roles obligatorios impuestos a las mujeres, y aún más, la definición misma de mujer y sus múltiples variantes dentro de las femeneidades oprimidas. Igualmente, no se por qué la historia pretende que nada más surfeemos la realidad, cuando el feminismo no solo avanza y repliega como ola, sino que se asienta como marea ingobernable para el machismo patriarcal.

“Si baila reggeaton, NI UNA MENOS” – Chocolate Remix en “Ni Una Menos”.

Si te acercaste a este artículo por su título, y esperabas que le dé lugar a analizar “La casa de papel” (serie española en Netflix) bueno, no. La idea en sí, es de pararnos desde la óptica feminista interseccional, que va más allá de la construcción en sí de un matriarcado, obviamente. En la lectura que se puede hacer de Argentina hacia 2018, lejos estamos de haberle ganado la batalla al patriarcado, mucho menos de asentar otro sistema.

Si Ud. lector sintió ironía en las palabras precedentes, está entendiendo que el juego que nos propone el capitalismo no es más que un chiste, un minuto de fama que ni podemos perder, ni podemos conquistar. La conquista capitalista ya la tienen otrxs, nunca fue nuestra, ni lo será. ¿Nos rendimos entonces? Jamás, el alboroto nos sirve para ir con más fuerza hacia la ola.

Hoy por hoy, ha corrido mucha agua bajo el puente de la construcción activista en género y diversidad. No retomo el término disidencia en este caso, señalando que aun el lugar de reivindicación disidente no está tan ganado como sí un cierto acuerdo en la diversidad. Nuestra legislación permite el matrimonio igualitario, educa en torno a diversidad sexual y nos permite autopercibir y transicionar nuestro género. Sin embargo aún las violencias e invisibilizaciones son reales, y aunque logramos cierto colchón de acuerdos reivindicatorios básicos, lejos estamos de salvar las grietas en el movimiento feminista.

Antes cité la asamblea del 8 de Marzo como punto de partida en la colección de experiencias deconstructivas, ¿Que se imaginan uds que pasa en esas instancias democráticas? ¿Y en los Encuentros Nacionales de Mujeres? Puedo nombrar lo que sigue pasando: reivindicamos la necesidad de una ley de aborto legal seguro y gratuito, pero nos cuesta apropiarnos del término “personas gestantes” y de pensar en cuestiones referidas a reproducción fuera del determinismo binario biologicista, osea del que predetermina que quienes gestan son mujeres cis heterosexuales.

Reconocemos la violencia de género, pero igual no debatimos cómo sacarla de nuestras organizaciones, ni cómo dejar de violentarnos entre nosotrxs.

Abogamos por cuerpos libres en derechos y decisión, pero cuestionamos la autonomía de muchxs que deciden por fuera de lo que creemos correcto, como ser la eterna grieta sobre si es o no viable elegir trabajar explotando la propia sexualidad en el sistema capitalista.

Nos matamos diciendo que es evidente la marginación social por nuestra  orientación sexual, por mujeres, lesbianas, trans y travestis, pero sin embargo hay un supuesto feminismo, tan radical como transexcluyente al que se le sigue dando la palabra aun en lo violento de su discurso.

Evidenciamos que no se nos paga equitativamente y se nos objetiviza muchas veces abusando sobre todo de la vulnerabilidad apremiante en los estratos socioeconómicos más bajos de nuestra población, mas no solo de elles. Pero ahora bien, seguimos a las cúpulas sindicales que no pueden más que negociar para ellos, sin pensar siquiera en la feminización de la pobreza o la fuerte explotación del trabajo doméstico no remunerado que garantiza la dominación patriarcal.

Esto, entre otros muchos debates que ya hemos dado y plasmado potentemente en nuestros manifiestos, declaraciones y campañas, es la agenda que nos conduce, nos hace caer y levantarnos en nuestras contradicciones o motivaciones.

El desafío, entre tantas reivindicaciones es no perdernos en los flashes de la mass media ni individualizar los reclamos al punto de marginarlos.

Un camino es convertir lo que son las olas del feminismo en un gran tsunami que abarque todas las esferas de la desigualdad: la de género, la de clase, la de capacidad, la sexual, económica, étnica, cultural, y todas desde la interseccionalidad. Es decir, entre comprender al gran sistema de desigualdad patriarcal como un todo opresor que vulnera minorías y mayorías en sus múltiples arenas interconectadas, donde claro, por ejemplo: ser mujer negra y pobre es estar en lo más bajo de la cadena, ni hablar de ser lesbiana en ese contexto o trava, qué horror, ¿no?

“Yo seré un cachivache y vos sos pura facha” – Sara Hebe en “Asado de Fa”

Si en la actualidad superás los 28 años de edad y tenés atracción sexoafectiva por fuera del espectro heterosexual o heteroromántico, entonces, curiosamente fuiste parte de un período temporal en el cual tu orientación sexual-romántica era considerada una enfermedad.

Recién hacia 1990 la Organización Mundial de la Salud quitó la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales, dicha eliminación del componente discriminatorio internacionalista nos dio una fecha de reflexión en la lucha contra la discriminación por orientación sexual. El 17 de mayo, fecha que la asamblea definió hace apenas 3 décadas, es una de las conmemoraciones en las que les disidentes aparecemos para denunciar la violencia que sufrimos.

En lo cotidiano la manifestación nos vislumbra en la clásica esencia marica: nos tiramos glitter, bailamos y reímos, bebemos y lloramos, besamos, abrazamos y a veces incluso garchamos afuera de los límites que la sociedad nos quiso poner para integrarnos. Muchas veces nos venden como mercancía exótica para la diversión estrepitosa del mundo de lo distinto, de la noche loca, la fantasía rebelde que emociona y luego se desvanece para continuar en la normalidad. Esa es la bella homosexualidad que puede venderse como sello de turismo “gay friendly” en un país progresista como el nuestro. Maquillamos nuestro travestismo criollo de Drag internacional “et voilà”, república arcoiris.

Atención, para que no se malinterprete, las expresiones en todas sus diversidades son válidas, este artículo aunque critica algunas presentaciones colectivas superfluas, no busca ser una oda moralista a que es ser o no ser una identidad . No hay un medidor de buen o no puto, torta, trava, trans, mostrx. Al menos no desde el activismo que buscamos en la interseccional lucha feminista.

Lo que ya a modo de cierre  busqué presentar, fue una caracterización amena y atorranta de una cosmovisión transfeminista. Pues bien, ya no nos alcanza con ir de a una lucha, ni desde un colectivo solo, ni solo sosteniendo el puño arriba. El feminismo que transversaliza las luchas de clase, étnicas, de género, sexuales y demás, ya no solo arrastra una bandera. Ahora vamos por todo, esa es la agenda. La que expone las cuerpas, pinta y desata la furia trava que embandera el anti biologicismo. La que denuncia la corrupción policial que gestiona redes de trata mientras punitiviza a las autónomas trabajadoras sexuales. El feminismo sólo blanco no va más, el feminismo que lucha aún por visibilizarse es el de las tortas chongas y los homsexuales locas locasziii, les fexs, les marginadxs, les discapacitades/diversos funcionales, les fetichistas, les queer, les no binaries, les loques,  les intersexuales, les gordxs,etc.

Esta torta/chonga se toma un sodeado, les escribe y les saluda desde la “zorroridad”, desde plantearles que hagan espacio en sus agendas y busquen la disidente igualdad en todos sus espacios. En definitiva, somos estructuras conocidas como humanes, cuya biología ordenó los mismos componentes diferenciadamente y cuya cultura intervino para determinarnos ineficientemente. Ni más, ni menos.

Hoy más que nunca: lo personal es político.