Entrevista a Georgina Orellano – Primera Parte

Georgina Orellano es la secretaria general de la Asociación Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), sindicato de lxs trabajadorxs sexuales que integra hace más de veinte años la Central de Trabajadores de la Argentina. P*ta, joven, feminista, peronista, militante incansable y referenta política para muchas de nosotras. Una sindicalista que no abandona las calles, donde ejerce el trabajo sexual autónomo, denuncia y actúa frente a la violencia institucional que sufre con sus compañerxs por parte de la policía, se manifiesta contra los femicidios y la violencia de género, el ajuste neoliberal, las reformas laboral y previsional, y exige el aborto legal, seguro y gratuito. Paloma Dulbecco conversó con ella sobre el movimiento feminista, sus demandas y la participación de AMMAR, la masiva movilización del pasado 8M en el marco del Paro Internacional transfeminista y porqué el presidente Mauricio Macri no es hijo de las putas.

¿Cómo ves el momento actual del movimiento de mujeres, trans, lesbianas y travestis en Argentina?

Hoy por hoy el movimiento es muy amplio y diverso, lo que refleja los procesos del feminismo en Argentina. Muchos colectivos tuvimos que dar una larga pelea para ser incluidos en la agenda feminista. No me refiero sólo al caso de las trabajadoras sexuales, sino también al de las compañeras travestis y transexuales, al de las lesbianas. Tuvimos que dar fuertes discusiones para que se respeten nuestras identidades y para que nuestras demandas sean incluidas dentro de la agenda feminista. De un tiempo a esta parte se refleja el crecimiento del movimiento, no sólo en términos de masividad sino precisamente de incorporación e inclusión de nuevos sectores.

El feminismo para nosotras siempre había estado más bien asociado a la academia y a sectores de clase social alta, lo que muchxs definen como feminismo blanco. Sin embargo, hoy existen otras corporalidades e identidades que somos parte del feminismo, que venimos de sectores más bien sociales y populares. Me refiero al feminismo popular, que se construye en los barrios, en los territorios, en las villas; el feminismo de las mujeres trabajadoras, el de la economía popular, el de las amas de casa, el feminismo de todas compañeras que estamos en la resistencia permanente para que el Estado reconozca nuestro trabajo como tal y así poder acceder a derechos básicos, que son el piso de conquista que tiene la clase trabajadora de nuestro país.

El movimiento actual tiene una visibilización que se encuentra en los puntos máximos por la conciencia social que construyó y por el fuerte apoyo hacia ciertas demandas históricas del movimiento, como lo son la despenalización del aborto, la discusión de cuestiones de autocuidado, las responsabilidades producto de la institución familiar tal y como la conocemos (el cuidado de los niños y las niñas, de las personas enfermas, con discapacidad o diversidad funcional) que recaen en los cuerpos femenizados, la desigualdad en términos de salarios dentro del mercado laboral. Son todos temas y demandas históricas de nuestro movimiento y, que hoy estén en discusión tanto en el Congreso como en los medios hegemónicos de comunicación y que la sociedad toda empiece a plantearse la necesidad de cambiar ciertos conceptos y normas establecidas que dejan en desventaja a las mujeres, es parte de un gran avance gracias a muchos años de lucha del movimiento.

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(Facebook Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina)

¿Por qué la organización sindical de lxs trabajadorxs sexuales participa del movimiento feminista?

Más allá de que el debate del trabajo sexual sea uno de los temas, junto con el de la subrogación de vientres, que genera tensiones hacia dentro del movimiento de mujeres y feministas, desde AMMAR participamos porque nosotras nos sentimos parte de los feminismos y no venimos a pedirle permiso a nadie por ello. Sabemos que la presencia de las trabajadoras sexuales incomoda, más bien venimos a eso. Sabemos que durante mucho tiempo la trabajadora sexual como sujeto político estuvo aislado socialmente, que trae temas candentes, que pone sobre la mesa para discutir temas tabú como la sexualidad y temas que nos dividen en cuestiones de pensamiento e ideología como lo es el poder de decisión que tenemos las mujeres sobre nuestros propios cuerpos (algunas quizás con mucho poder más de elección que otras).

Pertecenemos y participamos activamente del movimiento porque somos parte de esta nueva generación de jóvenes, que sentimos que el feminismo es nuestro hogar, nuestra casa, nuestro lugar de pertenencia. Sabemos que ninguna nació feminista, sino que todas nacimos en una sociedad machista y patriarcal, y que parte de la deconstrucción que día a día realizamos de ciertas cosas, violencias y desigualdades que hemos naturalizado es gracias a la conciencia de clase y a la conciencia feminista que tenemos en este contexto social y que nos atraviesa como generación.

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(Facebook Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina)

Se reconocen como putas feministas, ¿qué significa para ustedes?

Puta y feminista es una identidad política propia, que parte del movimiento de trabajadoras sexuales y surge en Argentina como un producto de la conciencia feminista, desarrollada pese a que durante mucho tiempo dentro del feminismo se cuestionó nuestro trabajo, nuestra toma de decisiones sobre nuestros propios cuerpos y hasta se resistió la incorporación de las trabajadoras sexuales dentro de los feminismos.

Como trabajadoras sexuales decidimos a partir del año 2014 empezar a autopercibirnos como putas, una identidad política que nos pertenece, justamente como una forma de dar batalla al lenguaje machista que persiste en esta sociedad patriarcal.Entendimos que el hecho de que la palabra haya sido siempre utilizada como insulto y para denigrar a las mujeres se relaciona con el estigma que pesa socialmente sobre nuestro trabajo. Reapropiarnos del lenguaje y de la injuria, sacándole la carga negativa y peyorativa, es dar una batalla cultural y llenar la categoría puta de un contenido político.

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(Facebook Georgina Orellano AMMAR)

¿Cuáles son los desafíos de la participación de AMMAR en el movimiento feminista?

Uno de los grandes desafíos que enfrentamos es la permanencia. Sabemos que el trabajo sexual y el debate sobre el tema hacia adentro de los feminismos no son lo mismo que la discusión sobre el aborto. La despenalización del aborto y la obtención del aborto legal, seguro y gratuito es una demanda histórica del movimiento feminista y una deuda de la democracia para el colectivo de mujeres y la totalidad de los cuerpos gestantes en la que acordamos todas y todes. Pero mientras algunas estamos a favor del reconocimiento de derechos para trabajadorxs sexuales, hay compañeras de otros espacios y ramas de militancia que se oponen, se niegan a la idea de pensar la prostitución como una fuente de trabajo legalizada por el Estado y plantean políticas abolicionistas y prohibicionistas.

Además de la permanencia, los desafíos que tenemos dentro de los espacios feministas son poder hablar en primera persona (siempre y cuando del otro lado exista un respeto y no una cuestión violenta de no permitirnos hacer uso de la palabra, lo que en algunos espacios nos ha sucedido) y seguir avanzando, generando conciencia y derribando prejuicios. Hoy por hoy, quienes apoyan fuertemente las demandas del movimiento de trabajadoras sexuales son compañeras jóvenes, la militancia más juvenil, que tiene menos prejuicios sociales y sexuales respecto al trabajo sexual y vienen dispuestas a sentarse, escuchar, habilitar una voz que durante mucho tiempo fue también callada e invisibilizada. Así, juntas poder deconstruir ciertos prejuicios y construir un feminismo, al que llamamos feminismo del 99%, en el que todas las cuerpasdisidentas están dentro y queda afuera el patriarcado, justamente el único enemigo que debemos tener enfrente. Todas atravesamos situaciones de violencia por vivir en una sociedad machista y patriarcal, y tenemos que ser fuertes para, pese a las diferencias y disidencias, poder dar la gran batalla contra el sistema patriarcal.

¿Qué lectura hacés de la movilización del 8M?

Una vez más quedó demostrado el poder de convocatoria, de movilización y de unidad que tiene el movimiento feminista en nuestro país. Culminó con más de 500.000 personas marchando y exigiendo Aborto legal, seguro y gratuito, Basta de ajuste y de despidos, y un sinfín de demandas contenidas en un documento único, elaborado por una asamblea multitudinaria en la que participamos más de mil compañerxs durante los viernes de febrero en la Mutual Sentimiento del barrio de Chacarita, en Capital Federal.

Todos los colectivos partidarios, sociales, sindicales y estudiantiles que participamos del último Paro Internacional, pese a las diferencias, buscamos la unidad y la construcción de una agenda común para frenar en nuestro país el avance de políticas neoliberales, que perjudica principalmente la vida de las mujeres, de las lesbianas, de las travestis y de las trans. El neoliberalismo precariza aún más nuestras vidas, mediante políticas represivas que generan mayor violencia hacia las mujeres, el desempleo que se traduce en pérdida de fuentes de trabajo, el avance de ciertos grupos conservadores, el retroceso de derechos que ya habíamos conquistado, el desfinanciamiento de un montón de políticas de género que proponían un puente de acercamiento entre el Estado y las mujeres contra la violencia de género y los femicidios, el recorte de presupuestos que afectan nuestra autonomía económica y la pérdida de espacios de formación feminista y sindical.

Más allá de todo lo que quieran desplegar y todo lo que nos quieran invisibilizar, no hay más lugar para la invisibilización de nuestros cuerpos y las demandas de nuestro colectivo. El feminismo avanzó tanto que es difícil retroceder y la apuesta es cada vez más alta. Necesitamos que el aborto sea legal, seguro y gratuito, que dejen de morir mujeres por realizarse abortos clandestinos, pero también necesitamos otras leyes y otra presencia de parte del Estado. Necesitamos la implementación de la educación sexual integral dentro de los colegios, ganar lo mismo que los varones, derechos básicos como obra social y jubilación para las trabajadoras de la economía popular, y que las fuerzas de seguridad no militaricen nuestros barrios, que no estigmaticen ni castiguen a las pibas y a los pibes. 

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