Justicia selectiva y gobierno de la indignación

El gobierno de la razón contra el gobierno de las pasiones. Sobre esto, la división de poderes y el Estado de Derecho contra los ataques a las instituciones. El autoproclamado republicanismo suele resumir en esto su oposición a un supuesto populismo. Mientras el populismo representaría el manejo de las pasiones, la demagogia y la frase fácil para encantar a las masas, el republicanismo apostaría al diálogo público, la meditación seria sobre los problemas públicos, evitando las salidas fáciles. Primera dicotomía: pasión vs. razón. Segunda dicotomía: autoritarismo vs. división de poderes. El populismo necesita la encarnación en su líder, exagerando el poder del ejecutivo, lesionando y avasallando a los otros poderes. Este ataque tendría como objetivo privilegiado al poder judicial. Es que es posible obtener la mayoría legislativa mediante elecciones. Frente a esto, el autoproclamado republicanismo no cree en liderazgos mesiánicos, sino en el intercambio de perspectivas, lo cual supone que el ejecutivo pase a un segundo plano, quedando en el primero el legislativo, donde el debate se da. Respecto al poder judicial, el ejecutivo lo deja actuar libremente, reconociendo su investidura como guardián de la constitución. Ahora bien ¿es posible entender al macrismo desde esta perspectiva? Intentaremos ver si al macrismo le cabe su propio traje al calor de los sucesos de los últimos meses.

Comencemos con la segunda dicotomía, entre autoritarismo y división de poderes. No parece necesario otro argumento para mostrar la falsedad de la dicotomía a días de publicarse en el boletín oficial un decreto de necesidad y urgencia que deroga 19 leyes existentes y modifica otras 140. Decreto que propios y ajenos reconocen que modifica sustancialmente el funcionamiento del Estado. Aún habiendo convocado a sesiones extraordinarias, no fue incluido como tema a tratar. Uno podría arriesgar la hipótesis de que es un hecho aislado. Pero solo basta recordar otro decreto de necesidad y urgencia, del 14/12/2015, a través del cual Macri intentó completar la Corte Suprema nombrando a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. Habrá razones a favor y en contra del contenido de cada uno de estos decretos, pero la diferencia esbozada en el primer párrafo no es de contenido, es de forma. Modificar sustancialmente el funcionamiento del Estado por decreto, lejos está de aquella forma de gobernar mediante el consenso y el diálogo. No hay que olvidar que las formas no son solo lo formal. Incluso la reforma previsional que salió votada por ambas cámaras no se ajusta a la imagen de la nueva política. Es que, en este caso, se apuró su tratamiento, tanto en su paso por comisiones como en su debate. El consenso no vino atado al diálogo, sino a un lenguaje con el que es más fácil entenderse: la plata. Un ambicioso plan de toma y daca con gobiernos provinciales y aprietes a los diputados más díscolos provenientes de éstas fueron la fuente del consenso, cuya manifestación más álgida fue la de ciertos diputados manifestando su rechazo a la ley pero su obligación de votar a favor.

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Hasta aquí, nuestro defensor de la república deberá presentar una serie de argumentos ad hoc —o relatos— para defender el por qué los modos republicanos se posponen. Oposición desleal, deslegitimaciones, desestabilizaciones, sospechas de golpes de Estado y tomas del Congreso. Pero no todos los ejemplares autóctonos del republicanismo son adictos a los ad hoc. Hay otras razones de su adhesión: la lucha contra la corrupción y la restitución del poder judicial como garante del Estado de Derecho. Los resultados provisorios parecen ser más que prometedores. Como en cualquier país serio, una ex presidenta y un ex vicepresidente fueron procesados. Es que, al fin, la ley se aplica para todos. El ex vicepresidente, para mejor, detenido (aunque excarcelado) y detrás de ellos una serie de personajes mayores y menores. Pero la cruzada anticorrupción no se detiene en el poder político. También alcanza al poder sindical, quienes traicionaron a sus representados utilizando la plata para enriquecerse, sin hacer referencia a sus modos violentos de conducirse.

Con esto en mente, ¿hay alguna razón para que un republicano liberal esté contento? ¿Qué se esconde detrás de la cruzada anticorrupción? En primer lugar, hay que notar un hecho distintivo: la cruzada, como toda cruzada, se realiza contra el enemigo. Los casos de corrupción probables, o no, de la alianza Cambiemos caen en el olvido o, en el mejor de los casos, no tienen tanta atención, ya sea desde los medios o desde la Oficina Anticorrupción —pensemos el caso de Niembro, Calcaterra, Angelici, Arribas, etc. Ni que decir que los sindicalistas corruptos parecen ser solo aquellos que se oponen, y dependiendo la intensidad de su oposición variará la intensidad de su corrupción. Recordando la afinidad del Presidente con el fallecido Momo Venegas, la transparencia no parece ser el criterio que defina amigos de enemigos.

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Si nos detenemos a ver los momentos en los cuales adquiere fuerza —desde los medios, desde las declaraciones del gobierno, desde fallos, procesamientos y demás del poder judicial— la cruzada anticorrupción empieza a develar su verdadera cara. Previo a la votación de la reforma previsional, comenzó la cruzada contra el gobierno anterior. El punto más álgido se dio el 7 de diciembre en el cual Bonadío procesó a Cristina Fernández y encarceló preventivamente a Zannini y Timerman, entre otros. El mismo día, fueron allanadas propiedades cercanas a Daniel Scioli. Apenas unos días después, Scioli se ausentó en la votación de la reforma previsional. Votada la reforma previsional, no hay noticias de los resultados ni avances en la investigación en su contra. Respecto de los procesamientos y encarcelaciones por el Memorándum con Irán, la Cámara de Casación no habilitó la feria judicial para tratar las apelaciones de la ex presidenta y los demás procesados, argumentando la no urgencia del problema. Parece que a la urgencia la define la coyuntura.

Pasemos ahora al sindicalismo. Trabajar primero el poder político y luego el sindical no es por capricho de quien escribe. Es por el orden temporal en el cual la cruzada se dio. Votada la reforma previsional, la reforma laboral apareció en el horizonte. Desde el propio gobierno, e incluso desde sectores del peronismo, admiten que el sindicalismo —o parte de él, la CGT— es quien debe negociar y dar el “OK”. El pico de tensión del año pasado y las muy pocas victorias obtenidas, llevaron a la CGT a replantearse su estrategia conciliatoria con el gobierno. Con vistas a tener una negociación donde el consenso se dé más fácilmente —es decir que el sindicalismo acepte— subió, casi de la nada, la intensidad de la cruzada contra el sindicalismo. Acompañado, claro está, por las campañas mediáticas donde aparecen autos de lujo, armas, mansiones, etc. Pero siempre autos de lujo, armas y mansiones de los enemigos. Cruzada que se cristalizó en una serie de detenciones y llegó al procesamiento de Hugo Moyano en un contexto en el cual el mutuo acercamiento con el gobierno fracasó.

En este contexto, quizás tenga sentido apelar a la voz procesada intelectualmente de este republicanismo. La semana pasada, el Club Político Argentino —grupo de intelectuales afines al gobierno— criticó a éste por posponer su agenda republicana-institucional en pos de “necesidades de la política”. En el documento se lee, en referencia a la cruzada antisindical, que: “la necesidad claramente democrática de transparentar el manejo de los fondos sindicales, lo cual incluye entre otras medidas presentar declaraciones juradas patrimoniales a sus administradores, parece manejarse exclusivamente como amenaza en función de la docilidad de los dirigentes a las necesidades de la política”. También se critica la paradoja de que la dirección de la Oficina de Anticorrupción pertenezca al propio ejecutivo lo que hace que “sus investigaciones sobre los funcionarios en ejercicio seguirán careciendo de credibilidad. [1]

¿Qué queda de las dicotomías antes mencionadas? Si la división de poderes y el Estado de derecho no pueden ser un logro de este gobierno, en la medida en que contemplamos un funcionamiento selectivo de la justicia ¿qué sucede con el gobierno de la razón? Aquí aparece uno de los fundamentos más productivos de la alianza Cambiemos: el gobierno de la indignación. Al calor de sus necesidades de negociación al gobierno, en sintonía con los más grandes medios de comunicación, se asisten a campañas de difamación, con tapas de diario confirmando una y otra vez pruebas del carácter amoral de los opositores. Esto termina generando una distancia gigante entre la situación jurídica del difamado —que puede estar en libertad y sin tener pruebas jurídicas en su contra— y la percepción de su integridad moral para parte de la población. Esta distancia es la puerta de entrada para la indignación. Una indignación que es generada cuando se la necesita y que es focalizada contra los opositores políticos. Un gobierno de la indignación que ha demostrado no asustarse por formalidades y que ha sabido forzar la ley más allá de sus márgenes. No es extraño que un poder judicial interesado en lograr una buena imagen manteniendo su mal funcionamiento intente satisfacer esta indignación aun contra sus propias reglas.

Justicia selectiva 2

¿Cuál es el balance del republicanismo argentino a dos años de su proyecto de gobierno más ambicioso? Lo otro del llamado populismo, lejos de representar la división de poderes, replica algunas de las características atribuidas al primero: exceso de la figura presidencial, predominancia del ejecutivo sobre el legislativo. Pero va más allá en otros aspectos: no se asistió en el pasado al procesamiento y encarcelamiento preventivo de rivales políticos en ocasión de una votación relevante. Detrás del discurso del Estado de Derecho, la justicia selectiva. Lo otro del llamado populismo, lejos de representar el retorno de la razón y el diálogo, ejerce justamente aquello que siempre identificó en el otro. Atrás del gobierno de la razón y el diálogo, el gobierno de la indignación dirigida. Pero se equivoca el Club Político Argentino y el republicanismo autóctono cuando ve en esto continuidades entre ambos gobiernos. Su equivocación reside no solo en atribuir características muy rápidamente al anterior gobierno y con lentitud a éste sino también —como en gran parte de cierta lectura del republicanismo— por reducir el problema político a un problema de formas. De los diferentes proyectos económicos y de país, no se encuentra información alguna. La ceguera respecto del contenido es lo único que puede explicar la adhesión de republicanos bien intencionados al gobierno de Cambiemos.

[1]              http://www.clubpoliticoargentino.org/declaracion-del-cpa-calidad-institucional-asignatura-pendiente/