El karma de vivir al Sur

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Ensayar una respuesta para el drama que vive el pueblo brasileño al día de hoy es sin duda muy difícil. Más cuando están agotadas a esta altura expresiones como “callejón sin salida” que pueden ser un perfecto diagnóstico sin aportar ni una sola pista sobre qué hacer.

Este breve comentario también podría titularse “el karma de ser Lula, el karma de ser Brasil”. Hace tan solo unos meses, dediqué unas líneas a explicar por qué la figura de Lula era la llave que abría las puertas a una reconfiguración del mapa político en la región latinoamericana, hoy volcado a la derecha. La bendita sentencia del Tribunal de Porto Alegre se dictó, fue apelada y posteriormente reconfirmada la semana pasada, por una diferencia de tan solo un voto entre los once jueces que dieron su veredicto. De la misma manera se reconfirma el golpe a la democracia y los derechos para las mayorías en Brasil, proyecto más vasto del que el episodio Lula podría ser el broche de oro. Mientras tanto, Temer firma un decreto que incluye la privatización de la empresa eléctrica Eletrobras.

Para los convencidos, Lula es esperanza, es síntesis, es símbolo. ¿De qué? Pues de lucha, de distribución de la riqueza y de justicia social, de un proyecto político que renovó la fe de la clase más pobre y marginalizada de Brasil por tener dignidad. Pero aún no está claro si Lula será el mártir que muchos esperan. Si una multitudinaria movilización popular rodee el predio donde permanece preso para torcer el brazo a la estrecha alianza judicial y mediática que hoy le pisa la cabeza. Tampoco podemos predecir cuándo sucedería tal cosa. ¿La semana que viene? ¿En un mes quizás? ¿Antes de las elecciones en octubre?

se reconfirma el golpe a la democracia y los derechos para las mayorías en Brasil, proyecto más vasto del que el episodio Lula podría ser el broche de oro

La épica parece ser no ser suficiente, la analogía con Mandela o con Perón, tampoco. Es difícil pensar que un pueblo que apenas pudo trabar la reforma de la seguridad social, y hoy sufre los efectos de las reformas de tercerización y cese del gasto social por diez años, se levante enfervorizado por el efecto de un nombre, por muy importante que el hombre detrás de ese nombre sea. Más difícil es pensar que eso suceda mientras más pasa el tiempo.

Ya hablamos de los convencidos, que son los que día a día encabezan las manifestaciones y acciones de lucha para pedir por la libertad del expresidente y aspirante a candidato, pero para los demás Lula sigue siendo sólo un nombre y un hombre, inmerso en un aparato jurídico y partidario corrupto y podrido del cual ya no esperan ni una palabra de verdad. Es el todo para unos, pero para los otros no es más que la excepción  en un sistema que presiona a adecuarse a una lógica de poder basada en el lobby empresarial y corporativo, donde los ladrones se protegen entre sí a cualquier precio.

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El Partido de los Trabajadores se cansó de repetir que su único candidato para las próximas elecciones es Lula da Silva. Por ende, al menos hoy, donde acaba Lula lo hace su proyecto político. Pero él está preso y virtualmente fuera de juego por el momento. Entramos así en la etapa donde comienza el mencionado “duro e impredecible trabajo a contrarreloj” del Partido de los Trabajadores para favorecer un sucesor que sea tan atractivo como Lula para el pueblo brasileño. Desde la cárcel en Curitiba, no hay transferencia inmediata, mágica, de su fuerte apoyo popular a nadie más.

para los demás Lula sigue siendo sólo un nombre y un hombre, inmerso en un aparato jurídico y partidario corrupto y podrido del cual ya no esperan ni una palabra de verdad

Justo cuando todo Brasil esperaba que el pasado miércoles el Supremo Tribunal Federal (STF) analizara un recurso que dictamine la liberación inmediata de Lula y de otros políticos y empresarios presos por el Lava Jato, el tratamiento fue aplazado por cinco días.

Ahí radica el meollo, porque lamentablemente y tal como sucede en Argentina, no alcanza con los convencidos para poner a Lula en carrera y llevarlo en andas hasta la presidencia. Tampoco parece alcanzar señalar una figura alternativa como puede ser la de Gleisi Hoffman, presidenta del PT, Senadora y ex Jefa de Gabinete. Lo mismo sucede con la ascendente figura de Guilherme Boulos, precandidato presidencial por el Partido Socialista, líder del combativo Movimiento Sin Techo y principal referente de una nueva generación de la izquierda en el país, con tan solo 35 años.

SP - LAVA JATO/LULA/TRF-4/RESULTADO - CIDADES - O ex-presidente Luiz In·cio Lula da Silva (PT) (e), acompanhado do coordenador nacional do Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST), Guilherme Boulos, participa de ato de apoio ao petista realizado por militantes de movimentos sindicais e populares, na PraÁa da Rep˙blica, no centro de S„o Paulo, nesta quarta-feira, 24, dia em que Lula teve recurso contra a condenaÁ„o no caso do triplex negado pelo Tribunal Regional Federal (TRF) de Porto Alegre. Lula foi condenado por corrupÁ„o passiva e lavagem de dinheiro. Os desembargadores ampliaram a pena do ex-presidente de 9 anos e seis meses para 12 anos e 1 mÍs. Ainda cabe recurso por parte da defesa. 24/01/2018 - Foto: ALEX SILVA/ESTAD√O CONTE⁄DO

Cualquier candidato alternativo a Lula será una apuesta testimonial si no es respaldado por un fino trabajo que además de generar confianza en la persona que encarne la opción de izquierda, progresista y popular para octubre, restaure la medida de confianza necesaria en todo el sistema político partidario de Brasil. Es necesario descomponer la crisis de credibilidad en las instituciones que se oculta detrás de la farsa judicial que hoy encarcela a Lula. Es necesario mirar más allá de Lula, pero sin dejarlo atrás, para construir no solo una alternativa partidaria, sino también una opción popular que haga frente en forma directa a la casta judicial que contribuye a desestabilizar los principios básicos de la democracia en ese país, para garantizar una democracia sustantiva más allá de las urnas.

Como dijera Boulos en una entrevista reciente “la mayor lección de este proceso es que no hay posibilidades de avanzar en derechos sociales y en conquistas democráticas sin enfrentar los privilegios de los de arriba, del 1%.