Legislatura Porteña, la revelación política de 2018

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En marzo comienza un nuevo año parlamentario y como todo año par (no electoral) la política se cocina puertas para adentro. En este sentido, las miradas se centran en la labor del gobierno nacional y desde ya, en el cuentagotas del Congreso que entre otras cosas deberá aprobar —o no— la reforma laboral como coronación de la tríada de “transformaciones estructurales” que el oficialismo convirtió en agenda luego de las elecciones de medio término.

Sin embargo, no sólo en el plano nacional el punteo de legisladores es la vedette. Lejos de los flashes y la centralidad mediática, el Jefe de Gobierno de la Ciudad pone a prueba las matemáticas legislativas para ver hasta dónde puede explotar una experiencia inédita en la, ya no tan breve, historia del PRO porteño.

Por primera vez desde que llegaron al gobierno en 2007 el PRO cuenta con la codiciada mayoría automática en la legislatura porteña. Es cierto que para alcanzar 33 legisladores (sobre un total de 60) tuvieron que resignar el nombre del bloque “PRO” para constituir la coalición “Vamos Juntos” que incluye además del mencionado al “ARI”, la “Coalición Cívica” y “Confianza Pública” el espacio de Ocaña quien supo encabezar la lista de diputados bonaerenses de Vidal.

El oficialismo cuenta con los 31 votos que necesita para aprobar cualquier ley de mayoría simple o absoluta. Sin embargo, esta tarea nunca fue demasiado difícil para el PRO que a fuerza de acuerdos siempre contó con las mayorías necesarias. El nuevo escenario habilita otras posibilidades.

El artículo 82 de la Constitución de la Ciudad prevé la mayoría de los dos tercios de los miembros de la cámara (40 legisladores) para por ejemplo:

-Modificar la ley de comunas o intervenirlas, lo cual habilitaría una modificación sustancial del funcionamiento de las comunas ya de por sí vaciadas de sentido actualmente.

-Aprobar transacciones, concesiones o  venta de bienes del Gobierno de la Ciudad, lo cual habilitaría diversos negocios inmobiliarios.

-Disolver los organismos descentralizados y cualquier tipo de repartición autárquica, habilitando así una transformación trascendental de la estructura burocrática de la Ciudad y habilitando una gran ola de despidos en los últimos espacios con alguna presencia opositora del distrito.

Pero más importante aún, esta mayoría habilita la reforma de la constitución de la Ciudad como esta misma prevé en su  Artículo 60. Es decir Rodriguez Larreta cuenta con la posibilidad que Macri nunca tuvo, esto es, transformar de raíz la estructura de la Ciudad de Buenos Aires constituyéndola a su imagen y semejanza.

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Por eso el Jefe de Gobierno se debe encontrar explotando al máximo las posibles matemáticas legislativas para ver los alcances de este nuevo escenario.

¿En qué consisten esas matemáticas?

Simple, el oficialismo cuenta con 33 votos y requiere de 40 para las transformaciones más ambiciosas ¿Quién aporta los votos que faltan?

La oposición está compuesta de la siguiente forma:

Unidad Ciudadana cuenta con 8 legisladores, el Bloque Peronista cuenta con 4, Autodeterminación y libertad con 2, el FIT con 3, SUMA + con 8 y luego hay dos monobloques, GEN y Mejor Ciudad.

De estas últimas 3 fuerzas, con un total de 10 legisladores el oficialismo aspira a obtener los 7 votos que necesita.

SUMA + está dividida en dos partes: el partido socialista de 2 legisladores conducidos por Roy Cortina y por el otro lado ECO + UCR, es decir 2 legisladores de Lousteau y 4 de la UCR.[1]

EL bloque GEN (como resultado de la alianza Massa+Stolbizer) cuenta con 1 legislador (Abrevaya).

El bloque Mejor Ciudad cuenta con un solo legislador (Depierro) quien ingresó a la legislatura por Confianza Pública, espacio que actualmente forma parte del bloque oficialista.

Este pequeño despliegue nos demuestra que las matemáticas legislativas le sonríen a Larreta quien incluso se puede animar a un poco más e ir por Lousteau, su único y ya herido rival interno de cara a una potencial reelección.

Los gestos de acercamiento al Massismo en la Ciudad, como ser el nombramiento de su primer candidato a diputado Matías Tombolini como presidente del Consejo Económico y Social y el fortalecimiento de la alianza con Roy Cortina (a quien otorgaron la vicepresidencia tercera de la legislatura porteña), demuestran que el jefe de gobierno quiere lograr su esquema de acuerdos y a su vez aislar a Lousteau a la triste Siberia de los tibios, aquellos que no usufructúan las mieles del oficialismo ni la pantalla de la oposición.

Así obteniendo el voto de Abrevaya y los dos de Roy Cortina sumado al voto del ex Confianza Pública Depierro Sólo restarían 3 votos y no debemos olvidar que incluso dentro del bloque de Lousteau, el radicalismo que forma parte de la coalición de gobierno a nivel nacional, cuenta con 4 de los 6 votos. Esto sumado al pacto Nosiglia y Angelici que actualmente conduce el partido coloca a Larreta en un escenario idílico y a Lousteau en una desesperante soledad.

Es cierto que no alcanza con las matemáticas y que Larreta va a necesitar del clima político, las condiciones subjetivas, para poder avanzar pero por primera vez el PRO tiene la posibilidad de abrir la caja de Pandora de una reforma. Descubrir si lo logrará y qué se esconde en ella es uno de los motivos por los que el 2018 proyecta a la Legislatura Porteña como la gran revelación política del año.

[1] Al cierre de esta nota se produjo el fallecimiento de la diputada Débora Pérez Volpin perteneciente al espacio de Lousteau, su reemplazante será el dirigente radical, docente de la UBA y ex funcionario del Ministerio de Justicia y Seguridad porteño, Leandro Halperin. El rol que ocupe en la interna del bloque podría fortalecer aún más la posición del jefe de gobierno.