Que no sea leyenda: La vigencia de la Ley de Bosques

Desfinanciada, con complicidad provincial y nacional, la Ley de Bosques se encuentra lejos del momentum generado al tiempo de su promulgación. Su importancia e impacto en el día a día de todes.

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Foto: La Voz

Allá por el 2007, bajo una presión social muy fuerte, se sancionó la Ley de Bosques. ¿Qué busca? Establecer los presupuestos mínimos de protección ambiental para el enriquecimiento, restauración, conservación, aprovechamiento y manejo sostenible de los bosques.

Y ¿cómo estamos hoy en día? Y, ahí andamos. Podríamos estar peor, pero si la ley se cumpliera e implementara como está estipulado en el texto, podríamos estar mucho mejor. ¿Por qué decís esto Martín? Seguí leyendo conmigo que te cuento.

RELEVANCIA DE LOS BOSQUES

¿Se acuerdan de Tartagal? Bueno, como bien explica Greenpeace en su informe[1], la catástrofe desatada allí en el 2006 se debe a tres factores: períodos de mayores lluvias, cambio climático y deforestación.

Los bosques estabilizan el suelo: las raíces dirigen el movimiento vertical y horizontal de las aguas y colaboran con la capacidad de absorción del suelo. Cuando llueve, el agua filtra a mayores profundidades donde hay vegetación y la misma ayuda a controlar la cantidad de agua que llega a la cuenca: como resultado se previenen sequías y minimizan las inundaciones.

Siguiendo con el mismo informe, “los desmontes no sólo generan las condiciones para que se produzcan las inundaciones al perderse cobertura vegetal de los suelos, sino que además contribuyen con emisiones de gases que incrementan el cambio climático”.  ¿Cómo nos afectan estás emisiones? Desde el que no sepas que ponerte porque donde antes hacía frío ahora está pronosticado 25 grados, pasando por los aumentos en las boletas de luz y gas por dependencia de los combustibles fósiles, falta de soberanía energética y una matriz pobrísima, hasta el robo de nuestras aguas a través de la minería en Glaciares como intenta promover el Gobierno Nacional.

ESTADO DE LA CUESTIÓN

Como bien dice el informe[2] de FARN, la ley ha tenido impactos positivos y fundamentales. Sin lugar a dudas, su promulgación ha generado una política de estado donde antes reinaba la desidia.

Según datos oficiales, la deforestación se ha desacelerado, persiste en zonas prohibidas, y habría que sumarle la puesta en prácticas de políticas coordinadas entre bosques, agricultura y uso de tierras para el desarrollo rural. De todas formas, este último punto se encuentra muy lejos de lo necesario.

Como bien establece FARN, parte como legado histórico del modelo agroexportador, Argentina ha transformado buena parte de sus pastizales y bosques nativos en tierras de cultivo, en gran parte para la agricultura de monocultivo[3].

Los bosques en Argentina no escapan al proceso global de deforestación. Con el equivalente al 30% de las masas forestales originales, el 4,3% de la deforestación global (IPCC, 2014) y las emisiones por deforestación comparables a las del transporte a nivel nacional (quema de combustibles fósiles por el transporte de todo tipo en el país), actualmente nos encontramos en una situación de emergencia forestal. A nivel internacional, Argentina se encuentra en el noveno puesto de países que más desmontaron entre 2010 y 2015.

Si bien a partir el 2011 se indica una tendencia a la baja en el nivel de desmonte, aún sigue habiendo hechos que preocupan. En Salta, la prórroga a nuevos permisos de desmontes no ha sido cumplida y la recategorización de territorios a pedido del titular del predio sin respetar lo establecido por el Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos. Por otro lado, en Santiago del Estero aumentaron los conflictos de tierras y la violencia ligada a los mismos.

FALTA DE FINANCIAMIENTO

El artículo 31[4] de la Ley de Bosques establece que el dinero destinado para el presupuesto por la misma no podrá ser inferior al 0,3% del Presupuesto Nacional, a lo que deberá sumarse el 2% del total de las retenciones a las exportaciones de productos primarios y secundarios provenientes de la agricultura, la ganadería y el sector forestal, correspondientes al año anterior.

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Fuente: FARN.

Como bien puede observase en el recuadro, la cantidad de dinero asignado al fondo de la Ley de Bosques está muy por debajo de lo establecido legalmente. En el año 2018 se le asignaron 556,5 millones de pesos, un 6,5% de lo debido y marcando nuevamente una tendencia a la baja. Esto viola el principio de progresividad ambiental de la Ley General de Ambiente. En argentino: no puede haber una regresión en la protección ambiental y en este caso eso no estaría pasando. Esto se enmarca en un proceso de desfinanciación del Ambiente a nivel Nacional: como bien marca la periodista Laura Rocha, el presupuesto ambiental[5]no solo descendió en términos porcentuales a casi la mitad respecto de 2017, sino que también lo hizo en términos nominales: pasó a $10.678 millones a unos 7.800 millones de pesos”.

Ante algunos argumentos que se esgrimen desde el Gobierno Nacional, como el de Sergio y su ya famosa frase[6] “Los proyectos de leyes de ordenamiento territorial, no los estoy discutiendo para abolirlos, estoy diciendo que requieren revisión porque son grandes ideas irreales que no tienen mecanismos de implementación, fiscalización y de ejecución eficientes para su fin, que terminan siendo una especie de épica legislativa”, vale retrucar con que la Ley de Bosques ya contiene todas las herramientas de gestión necesarias para su implementación efectiva. Ni ideales irrealizables, ni épica legislativa: los que falta es aplicación, no modificación de las leyes, como ya ocurre con la de Glaciares.

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Foto: Ecos Córdoba.

 

CONCLUSIÓN

Uno de los desafíos que más nos encontramos es el lograr que el público en general, más allá de ciertos círculos académicos y asambleas en resistencia, identifique los desmontes, la mega minería, el cambio climático, como una cuestión que la afecta directamente.

En Argentina se maneja una visión ambiental que dice que cada persona tiene la culpa del estado en el que se encuentra el planeta y de que de cada una de ellas depende el solucionarlo. Pero se decide ignorar y ser cómplice de las compañías de combustibles fósiles en la contribución al cambio climático, la corrupción[7], asesinatos[8] y las violaciones a los derechos humanos[9] en los que incurren. En lugar de ir al problema en cuestión, un sistema y modelo de desarrollo que no funciona, se pone el foco en soluciones individualizadas como el reciclado, el cambio de lamparitas y las peticiones para terminar con los plásticos.

Con esto último no pretendo desalentar el que cada une en casa recicle, cambie las lamparitas y firme peticiones, sino que intento alentarlos a ver más allá y generar pensamiento crítico para una real solución a nuestres problemas.

Más allá de los expuesto más arriba, no todo es negativo y creemos conveniente resaltar el lado positivo. Se ha desacelerado la deforestación en Argentina y se ha comenzado a contribuir a planes globales como el Acuerdo de París. Y más aún: en Córdoba[10], los intentos de modificación de la Ley de Bosques generaron resistencias territoriales, movilización en una provincia y hasta el día de hoy ninguna modificación se ha llevado a cabo.

 

[1] http://www.greenpeace.org/argentina/es/informes/incidencia-de-la-deforestaci-n/

[2] https://farn.org.ar/archives/22948

[3] https://www.pagina12.com.ar/14997-el-agua-que-entra-en-el-suelo-no-puede-salir

[4] http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/135000-139999/136125/norma.htm

[5] https://www.infobae.com/sociedad/2018/03/18/el-presupuesto-ambiental-es-cada-vez-mas-bajo-solo-se-destinaran-este-ano-el-027-de-los-recursos/?outputType=amp-type&__twitter_impression=true

[6] https://youtu.be/zQiSg70RnKc?t=22m21s

[7] http://priceofoil.org/thepriceofoil/corruption/

[8] http://www.wri.org/blog/2018/02/4-activistas-ambientales-son-asesinados-cada-semana-un-nuevo-acuerdo-regional-podr%C3%ADa

[9] https://www.theguardian.com/environment/2016/jul/27/worlds-largest-carbon-producers-face-landmark-human-rights-case

[10] https://www.laizquierdadiario.com/Nueva-marcha-en-Cordoba-contra-la-Ley-de-Bosques