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Acerca de los propósitos de Atando Cabos

Cualquiera de los términos políticos en circulación es resultado de una puja por determinar su significado.  Todo concepto relativo a lo político contiene un carácter polémico a través del cual puede ser cuestionado, tergiversado y/o modificado por los interesados en sellar su significado. Esto quiere decir que la política no se restringe a una mera competencia por cargos de poder, sino también a una lucha por determinar aquello que se entiende por República, Democracia, Estado, etc. Una muestra de ello es el carácter cambiante, de acuerdo al tiempo histórico y al espacio geográfico, de las ideas de la política. Lo que aquí es liberal, en otros lugares es conservador, lo que aquí se interpreta como una afectación a la democracia, allí se lee como parte inescindible del mismo proceso.

Lo dicho no debe conducirnos al relativismo de considerar que los conceptos son simples recipientes vacíos de significado, pues ello vendría en contra de la posibilidad de hacer de la política una ciencia, pero sí nos conduce hacia dos actitudes: una reflexiva, para recomponer los hilos históricos del concepto, para detectar los hitos epocales sobre los que se modificó su sentido y otra activa, de intervención en el debate público tanto para restituir su sentido original como para forzar a una nueva interpretación.

Existen múltiples aristas de un mismo concepto. Democracia, por ejemplo, implica muchos componentes cuya resultante se dirige hacia una determinada dirección. Así las cosas, nuestra particular coyuntura no es una excepción. La circulación de discursos ha sellado a fuego lo que el sentido común comprende sobre una amplia gama de lo político, sin cuestionamiento en los ámbitos dominantes de la comunicación, ni mucho menos sugerida la posibilidad, necesarísima por cierto, de que puedan ser y/o entenderse de otra manera.

Quienes nos interesamos por la teoría política, tenemos como finalidad esencial aportar nuevos paradigmas (o reponer los pasados) a fin de consolidar nuevas estrategias de debate ciudadano. La tan mentada lucha de las ideas, tan importante tópico del siglo XX, es en la actualidad absolutamente primordial para la consolidación de un proyecto político.

La lucha por las ideas se evidencia en el sentido común como aquello que “primero nos sale” decir al hablar de lo político. Es sustancial en la disputa de poder de nuestro siglo tratar exhaustivamente estos temas para quebrar las afirmaciones obvias y los prejuicios, si acaso queremos mejorar el destino de nuestras comunidades.

Fabricio E. Castro – Coordinador General