El nuevo escenario del Conicet (febrero 2017) – Diego Tajer

Luego del recorte en cargos de investigador de más del 50% en 2016 (pasamos de aproximadamente 850 cupos a 385), hubo más novedades para 2017. No respecto a la cantidad de cargos: serán 450, parecido a lo del año anterior. A esto se sumarán, a modo de promesa, los cargos provenientes de jubilaciones.

El principal cambio es una reasignación de los cargos de investigador. Esta vez, los llamados “temas estratégicos” obtendrán la mitad de los cupos (antes constituían alrededor de un 10%). Se trata de un giro hacia temas más aplicados. Aún así, considero erróneo decir que los “temas estratégicos” representan a la ciencia aplicada: sólo representan algunas ramas establecidas de antemano por el directorio de la institución.

Los ganadores de esta política son aquellos que venían trabajando en estos temas. Los perdedores son, en primer lugar, los científicos que investigan temas más puros, desde matemática hasta astronomía, neurociencia o física cuántica. Ellos tendrán aproximadamente la mitad de chances de ingresar al Conicet (si en 2016 fue entre un 1/2 y un 1/3, ahora será entre un 1/4 y 1/6). Los científicos que estudian temas más aplicados pero no incluidos como “estratégicos” en la lista del Conicet (por ejemplo, tratamientos para la esquizofrenia) también salen perdiendo.

Asimismo, las investigaciones en “ciencias sociales y humanidades” (economía, psicología, derecho, lingüística, ciencias políticas, sociología, filosofía, etc.) son las más fuertemente perjudicadas, llegando a un punto absolutamente crítico. En 2016 entró menos del 17% de los candidatos, y ahora entrará menos del 8%. Naturalmente las chances serán cada vez menores (se llegará a una chance del 5% en pocos años). Todo esto con la excepción del área de Educación y de ciertas sub-áreas muy específicas referidas a políticas públicas (hábitat, seguridad, desarrollo económico y gestión de la ciencia), que pertenecen a los “temas estratégicos”.

Esto toma por sorpresa a la comunidad científica, que veía a los “temas estratégicos” como un estímulo para estudiar ciertos temas, pero no como una imposición. Para dar una idea, con la misma gestión de Barañao, en 2015 se dieron aproximadamente 1700 becas generales, y solo 100 para “temas estratégicos”. En 2016 entraron 345 investigadores de la convocatoria general, y sólo 40 de “temas estratégicos” (esto no significa que sólo 40 investigaran esos temas: muchos investigadores “estratégicos” entraron por la convocatoria general).

Se ha adoptado una política de shock (muy lejos de la continuidad que se prometía) y, como siempre en esos casos, los que estaban por llegar a la meta del juego anterior son los más perjudicados. Los que recién empiezan pueden adaptarse a los “temas estratégicos”, renunciar a la academia o simplemente seguir trabajando en un escenario mucho más pesimista. Una política más gradualista hubiera permitido que los becarios “no-estratégicos” se adapten de a poco, y generar más competencia entre los aspirantes de “temas estratégicos”. El año pasado aplicaron 180 y entraron 40 en la convocatoria de “temas estratégicos” (es decir, las chances de entrar eran menores que en matemática, física o biología), por lo cual una ampliación del porcentaje de puestos para estas áreas era esperable. Pero este año quintuplicaron esas 40 vacantes (en vez de, por ejemplo, duplicarlas), por lo cual los aspirantes casi no tendrán competencia para ingresar.

Si bien el ministro culpa a los becarios por tener pretensiones exageradas(“todos quieren su empleo en el Conicet”), lo cierto es que no hay muchas oportunidades afuera. El ministro compara la situación con un grupo de futbolistas que sólo fue entrenado en Boca, y ahora todos quieren jugar en Boca, no en Racing o en Talleres. En el contexto argentino de falta de vacantes para cargos full-time en universidades, la situación es más parecida a querer jugar en un club profesional (con sueldos decentes) y no en uno amateur (con sueldos simbólicos), luego de haber entrenado por cinco o siete años con los más altos estándares. El reglamento del Conicet está orientado al trabajo académico, y es natural que los becarios busquen un trabajo académico. Si la idea es otra, esta es la oportunidad de cambiar el reglamento.

En particular, la demanda de articulación con el sector privado es hoy infundada e injusta, dado que el Conicet prohíbe tener ingresos paralelos (salvo por un mínimo ingreso –alrededor de 6000 pesos- proveniente de cargos docentes). Lo que pide el ministro es que, luego de 5 o 7 años de tener prohibido trabajar de forma paralela y estar completamente dedicados al campo académico, los ex becarios puedan “generar trabajo” e insertarse en empresas con su conocimiento adquirido. Así, se los está haciendo responsables de un problema que no es de ellos. Aquellos que hayan cumplido el reglamento del Conicet son los que más desorientados van a encontrarse (los que estafaron al Estado con empleos paralelos en negro salen ganando). Obviamente, en este contexto, el reglamento debería cambiar de manera urgente, permitiendo y estimulando los ingresos económicos paralelos (si ahora es la productividad, y no la calidad académica, lo que interesa al organismo).

En este escenario, cualquier estudiante que esté por aplicar a una beca local para investigar un tema no “estratégico” (aunque fuera el problema más interesante de la matemática, la física o la ciencia aplicada), debería pensarlo dos veces. Primero debe evaluar si se encuentra entre los mejores becarios de su generación (en el caso de las humanidades o ciencias sociales, debe evaluar si es el mejor becario de su generación). Caso contrario, si va a cumplir el reglamento del Conicet a rajatabla (es decir, concentrándose en el trabajo académico), lo más probable es que se choque contra la pared: ese puesto full-time al final del camino no va a aparecer.

* Diego Tajer es Doctor en filosofía. Becario posdoctoral del Conicet

Fuente: https://medium.com/@diegotajer/el-nuevo-escenario-del-conicet-febrero-2017-67365cbfe7a9#.a2vzbjdzs