¿Qué es el nacionalismo? – Eugenia Mattei

De los “ismos” que existen, el de nacionalismo es el que más sospechas ha recibido. Esto no fue un gesto arbitrario. Las desconfianzas están asentadas bajo las experiencias de las guerras mundiales y de los despliegues coloniales. Para situar una fecha, es posible decir que el nacionalismo nació durante el proceso de expansión colonial de Europa hacia el Occidente y el Oriente durante los Estados absolutistas.

Ya desde el comienzo, como dice Todorov, en la noción de nacionalismo habitaron diversas concepciones que se presentan tanto en armonía como en tensión. En los primeros exponentes de aquellas interpretaciones podemos encontrar, sin desconocer sus diferencias, a Herder, Fichte, Mazzini y Renan quienes pensaron el concepto desde una clave esencialista. Luego, otros autores, alejándose de dicho enfoque, presentaron al nacionalismo ligado a los dispositivos culturales que, una vez creados, podían transportarse hacia distintos contextos sociales. Este es el caso de Anderson quien observó en el nacionalismo y en la nación, por un lado, una capacidad de adaptación en sus expresiones materiales y, por otro, una característica de universalidad formal en relación con el concepto sociocultural que daba lugar a las nuevas legitimidades de los Estados modernos. De todos modos, quizás sea Gellner quien más ha enfatizado una teoría de legitimidad política en la idea de nacionalismo. Para él, el nacionalismo se desprendió de unidades políticas y terminó siendo la imposición de una cultura desarrollada hacia una sociedad en la que hasta entonces su población había sido tutelada por “culturas primarias”. En esas pluralidad de lecturas podemos encontrar diferentes características que remiten al nacionalismo: la fuente de legitimidad de los nacientes Estado-Nación, la ideología a favor de la soberanía, la aseveración de identidades que pueden estar amenazadas por el encuentro de otras identidades que luchan con discriminaciones colonialistas y culturales o el conjunto de valores, afectos y normas compartidos por los hombres y mujeres que viven en el territorio. Frente a este escenario resulta muy difícil dar cuenta si esa heterogeneidad de características remite a diferentes tipos de nacionalismo.

Una forma de intentar responder a esta pregunta es afirmar, como solía escribir Hernández Arregui, que el concepto del nacionalismo no puede separarse del análisis fáctico en relación con la desintegración de sus componentes (históricos, culturales, geográfico, etc.) Esto nos habilita analizar el modo en que se comprendió y comprende el nacionalismo en la Argentina. A grandes rasgos, se pueden encontrar dos tipos de nacionalismos en diferentes momentos históricos de nuestro país: un nacionalismo con características más autoritarias y belicistas y un nacionalismo más democrático y popular. De todos modos, lo que ambos tienen en común es que se ven como representantes de una idea de interés nacional que está alejada de la autoridad del extranjero. 

Comencemos con el primer modelo al que, como dijimos, puede reconocerse como “nacionalismo autoritario y belicista”. En él habitan dos momentos históricos. El primero empezó a gestarse en los años ’20 como un nacionalismo elitista cultural y fue mutando hacia las décadas  del ’30 y del ’40 en autoritario.  La crisis económica y el quiebre del orden político fomentó el origen de grupos de nacionalistas antiliberales y autoritarios cuya principal crítica se dirigía al régimen político por ser extranjerizante. Un testimonio de esto, fue la presencia de los nacionalistas argentinos con cierta unidad ideológica en los orígenes del periódico La nueva república. Estos nacionalistas resignificaron, en términos antimodernos, los principios de representación, soberanía y legitimidad en el modo de ejercer el poder político. En algunos casos, negaron los conceptos de individuo,  igualdad y  libertad por considerarlos abstractos y propusieron opciones más “realistas”. En esta línea se encuentra Leopoldo Lugones quien ha subrayado las debilidades tanto de la democracia como del liberalismo después de la primera guerra mundial. Más allá de las diferencias internas que existieron entre los nacionalistas argentinos, los aglutinó su antiliberalismo, antidemocratismo y antiparlmentarismo. El elemento propositivo estaba dando en un modo jerárquico y organicista de entender la sociedad.

            El segundo momento de este tipo de nacionalismo autoritario y belicista ha sido menos estudiado por la literatura especializada. Se halló en la dictadura militar de 1976; más precisamente, en el discurso gubernamental de la Guerra de Malvinas. En ese conflicto bélico el uso retórico del nacionalismo estuvo en oposición a un otro que carecía de nacionalidad y que era, en efecto, subversivo. Si nos remitimos al imaginario nacional más cercano, el  nacionalismo estuvo ocluido, en gran parte, por esta lectura belicista en torno a la guerra de Malvinas. Las acciones de los militares tuvieron sus derivas en la afirmación de un nacionalismo dictatorial y belicoso que dieron forma, en gran parte, a nuestra cultura política.

Por otra parte, la tradición de nacionalismo democrático-popular puede encontrarse en el horizonte histórico marcado por la Guerra Fría. Según determinada literatura, el peronismo habría retomado algunos principios que ya se encontraban en los primeros nacionalistas. Es más, algunos representantes del nacionalismo de La nueva república tuvieron afinidades con el peronismo. No obstante, como señalan algunos analistas,  la gran parte de los nacionalistas autoritarios se inclinó por rechazar al peronismo por su modo antielitista de hacer política.  En efecto, el principio de justicia social plasmado en la adquisición de los derechos implicó la incorporación del elemento popular.  A diferencia del nacionalismo autoritario, este tipo de nacionalismo supo reconocer el procedimiento electoral como medio para ser gobierno y aceptó una democracia multipartidaria.

Esta breve tipología que analizamos parece mostrar las tensiones y ambigüedades que habitan en la idea del nacionalismo argentino: no todo nacionalismo es elitista; no todo nacionalismo es autoritario; no todo nacionalismo es belicista. El nacionalismo puede ser amenazador y temerario, claro que sí, pero sobre todo si no está acompañado por  la igualdad y el elemento democrático.