¿Qué es y quiénes son los Posmodernos? – Milagros Kruk

Alguna vez hemos usado u oído en alguna conversación, el término posmoderno. ¿Pero a qué hacemos referencia cuando decimos que algo es posmo, o tildamos a alguien de posmoderno?

Es una creencia bastante extendida la de relacionar la posmodernidad con una teoría o postura frente a la vida más bien relativista, “liviana” e incluso, new age. Sin embargo, lejos de ser una mera moda o una palabra vacía, la corriente posmoderna de pensamiento se inscribe en su propio marco filosófico e intelectual, y posee también representantes respetados que la identifican. 

Los teóricos mismos se preguntan acerca de la mala reputación y el desafortunado lugar que ocupa la posmodernidad en la historia de las ideas. Muchos coinciden que la actualidad y novedad del término, más la variedad de definiciones, sumado a lo disímil de las disciplinas que abordan la problemática posmoderna, hace del asunto un terreno aún en construcción.

¿Podemos comenzar definiendo la posmodernidad como la no-modernidad? ¿Se opone lo posmoderno a lo moderno? La mayoría de los teóricos estarían de acuerdo en asumir esto como un punto de partida. En estos casos es muy difícil y se asumen ciertos riesgos, cuando se imponen fechas, pero se suele aceptar el fin de la Segunda Guerra Mundial como el momento en el cual, la posmodernidad había cobrado cierto cuerpo. En su origen, el término posmoderno, perteneció a la arquitectura y luego fue tomado por  movimientos artísticos, para luego comenzar a ser abordado por intelectuales de diferentes disciplinas del pensamiento.

En las bases del posmodernismo se encontraban nociones como las de quiebre, discontinuidad, pluralismo, individualismo; relacionadas todas ellas con las nuevas visiones sobre urbanidad, donde comenzaba a concebirse a la ciudad no como un todo orgánico, sino como un laberinto donde muchas individualidades podían yuxtaponerse, y albergar una variedad de roles, entre los que personas podían ir eligiendo y transitando.

Esta idea arquitectónica y artística, embebió luego a una visión de la realidad, una visión que si bien no se constituye como un modelo de descripción rigurosa y científica daba cuenta de que algo no estaba como antes, que algo había cambiado. Por eso muchos teóricos prefieren hablar de condición posmoderna y no de época posmoderna, porque en definitiva, la posmodernidad es una actitud frente al pasado, es decir, ante la Modernidad.

¿Qué fue la Modernidad? Podemos decir que fue el proyecto universal de civilización, optimista, racional e histórico, según el cual, todo y todos avanzábamos hacía algo mejor. Podemos precisar su “nacimiento” en el espíritu innovador del Renacimiento italiano, y su madurez durante la sociedad burguesa capitalista y democrática, posterior a la Revolución Francesa. Los modernos consideraban que había una idea única de verdad e historia, alrededor de las cuales se congregaban y aglutinaban todos los acontecimientos para así, tener un sentido dentro de ese proyecto universal.  

El tiempo pasó y el pensador posmodernoamalgamó la herencia del ideal moderno y la experiencia de los hechos históricos que colmaron el siglo XX, como fueron Auschwitz, la bomba atómica, la industria militar, el capitalismo desmedido. Es este escenario lo que convierte al hombre posmoderno en un crítico de lo moderno. Considera que hubo un proyecto de la Modernidad, pero aquel ya no tiene vigencia, o fracasó o fue dejado de lado, o peor aún, causó los males del siglo pasado (las posturas pueden variar dependiendo el  autor). Va a cuestionar el ideal y la esperanza de una realización perfecta del hombre. El posmoderno, a través de los últimos sucesos históricos y de la situación actual, comienza a resaltar en las sociedades, las diferencias y fragmentación entre los individuos.

 Esta concepción suele crear la imagen del pensador posmoderno, como un pensador “liviano” o relativista. ¿Por qué? Porque exaltar la diversidad, muchas veces se confunde con la idea errónea de que el posmoderno le da el mismo valor o considera verdadera, tanto una postura como a otra. En realidad, esta lectura de la posmodernidad es la que resulta “liviana”, si entendemos que para los pensadores posmodernos, no prima la imposición de una postura sobre otra en base a su autoridad en nombre de la verdad, sino que exaltan al diálogo, la discusión, la confrontación argumentativa y al discernimiento. Recordemos la imagen del laberinto que planteaba al comienzo, pero imaginemos que no queremos salir de ahí, sino simplemente conocerlo y dar un paseo. No necesitaríamos verdades, sino buenas historias para descubrir y darle vida al laberinto.  Eso es más o menos la condición de un posmoderno.

Muchos teóricos critican en los posmodernos la renuncia a la búsqueda de las causas últimas de la realidad o verdades primeras, como sí lo hicieron los filósofos modernos. Y eso es algo que coincide con la postura posmoderna, ya que en definitiva considera que las grandes teorías filosóficas, como fue el marxismo en su momento, no pueden ser la solución esta vez. La historia del pensamiento no nos preparó para este tipo de sociedad apática y disgregada; porque en el laberinto, donde los posmodernos ven potencialidades de libertad y emancipación, también se esconde algo abrumador e inquietante: la incertidumbre.

Tampoco existe una política posmodernista única, sino un conjunto de propuestas, puntos de vista y construcciones conceptuales diferentes, complementarias e inclusos opuestas entre sí. Las corrientes políticas posmodernas, en su mayoría, proponen un permanente debate y crítica sobre lo establecido, con el fin de demoler sistemas totalitarios y totalizantes que podamos haber heredado. Emparenta esta posibilidad de diálogo, con una mayor libertad en la sociedad. En sus planteos no priman las ideas, ni de objetivo a alcanzar, ni de partido político, ni de líder; solo la de transformación. El objetivo es claro: permanecer libre y alejado de ideas homogeneizadoras.

Esto hace que muchos acusen a los pensadores posmodernos de ser anti-políticos o a-políticos, porque carecerían de una postura política sólida o coherente. Sin embargo, muchos posmodernos son relacionados con la izquierda, ya que la mayoría tiene inspiración marxista, pero habiendo visto ya el fracaso del socialismo de Estado.  Por otro lado, se emparenta a los posmodernistas con una política de identidad, que buscaría fomentar los intereses de grupo, muchas veces minoritarios u oprimidos. Es decir, no en nombre de la verdad ni de la imposición de ideales, la posmodernidad apunta al diálogo y al debate, como una herramienta para flexibilizar la estructura social y dar lugar a quienes antes se hallaban sometidos, como fueron las mujeres, homosexuales, afroamericanos, etc.

Alguna vez, el gesto de rebeldía estuvo en los hombres de la Modernidad, al enfrentarse al poder de la Iglesia en favor del poder político. Ese gesto hoy es reclamado por lo posmoderno, al cuestionarse la verdad de la ciencia, el progreso de la civilización y la supremacía del hombre y empezar a hablar del pluralismo, las minorías, del consenso y la discontinuidad. Es posible que la condición posmoderna haga reinar la incertidumbre, el escepticismo y la fragmentación, cuestiones que nos hacen sentir añoranzas de una realidad más segura, una realidad que hoy, por momentos, parece tan esquizofrénica.