¿Qué es el Republicanismo? – Octavio Majul Conte

Pocos conceptos, junto al de populismo, parecen tener tanta relevancia contemporánea como el de republicanismo y el de la república. En un contexto donde la palabra liberal casi no existe,  o es más un agravio que un halago, la oposición parecería ser entre populismo y republicanismo. La duda introducida por el “parecería ser” se explica solo porque, aun, no sabemos qué es el republicanismo. Por eso, ¿Qué es el republicanismo? A grandes rasgos podemos resumir el republicanismo en función de algunos conceptos suyos destacados: libertad, interés público y Estado (o instituciones). Cada concepto se encuentra ligado a los otros.

En lo referente a la libertad, el republicanismo –y aquí el acuerdo es completo– no la opone a toda institución. A diferencia del liberalismo –el cual parte del individuo como sujeto de la libertad y entiende toda intromisión en él un ataque a aquella– el republicanismo entiende que solo hay libertad si un Estado la garantiza. Lejos de ser el Estado algo que limite la libertad, es la que la posibilita. Por ello, no puede existir un republicanismo que rechace todo tipo de Estado, y por eso, la necesidad de la intervención. La libertad es la ausencia de dominación y solo una institución puede garantizar ésta. Es necesario repetir: la máxima expresión de la libertad no es el individuo solitario, sino aquel que forma parte de un Estado que se la garantice. Ahora bien, ¿todo Estado posibilita y garantiza la libertad?

La respuesta es claramente negativa. Al punto que un Estado puede ser la principal amenaza de dominación de los individuos. Por eso entra, aquí, en función el concepto de interés público y la noción de lo común. Podemos decir que el enemigo principal del republicanismo es el interés privado participando del poder político. No puede haber republicanismo donde el interés particular reine. La noción del espacio en común, del interés de todos, cobra así relevancia. El problema es simple, la solución es complicada. En la diferencia en los modos de resolver la intromisión del interés privado en el interés público se encuentra la explicación de las más grandes variaciones del republicanismo. En lo que hay acuerdo es que el republicanismo necesita de una ciudadanía activa. Si el Estado es el garante de la libertad no lo es independientemente de la participación de los ciudadanos. Una vez más, si el liberalismo puede entender que, con una ingeniería institucional adecuada el sistema político funciona, el republicano cree que sola, la institucionalidad, no basta.

Una de las vertientes, y hoy quizá más actuales retóricamente en Argentina, del republicanismo es aquella que enfatiza la necesidad de una ciudadanía atenta al uso privado de las instituciones públicas. El máximo mal, para este republicanismo, es la concentración del poder político. Es que esto abriría la posibilidad de un uso arbitrario del poder y, por ende, la utilización del poder público para favorecer el interés privado de quien lo detenta. La fórmula en la cual se resume este republicanismo es: Concentración de poder político = corrupción. Por ello busca multiplicar las instancias de control del poder político ya sea con organizaciones de la sociedad civil o la división de poderes. Al mismo tiempo hace del conjunto de las leyes y su respeto, la garantía de la libertad. De ahí deriva la importancia otorgada al poder judicial que, en los autores clásicos, no posee técnicamente poder en la medida que el juez solo es la boca de la ley. En resumen este republicanismo reconoce que solo el Estado garantiza la libertad, pero un Estado en el cual impere la ley, el poder sea dividido y controlado. Para ello la ciudadanía debe participar principalmente mediante la sospecha y el control del poder político.

No es difícil ver que, llevado al extremo, este republicanismo se disuelve en liberalismo. Un énfasis excedido en alguna de estas características puede volver nuestra teoría anti-estatalista u olvidar el espacio de lo común. Si la participación ciudadana es solo de la índole de la sospecha, la relación afectiva entre ciudadano y Estado resulta difícil de imaginar. Al mismo tiempo, la paranoia del control del poder puede olvidar que es el Estado quien garantiza la libertad. Por algunas de estas razones autores del republicanismo actual llegan a clasificar a este republicanismo como republicanismo liberal –sin llegar a ser, claro, liberalismo.

Frente a esta vertiente del republicanismo se encuentra otra que brinda una solución diferente al problema del interés privado en la política. Esto porque entiende de otro modo el problema del interés privado. Este republicanismo, por decirlo de algún modo, amplía el concepto de poder. El peligro de la intromisión del interés particular en la política no está centrado tanto en poder político como en el poder extra político. La principal amenaza al interés común son el conjunto de individuos y grupos de la sociedad civil –o global– que poseen tal poder para determinar el asunto de todos. El principal enemigo de la república, en este caso, son los poderosos. De este modo ,un Estado que no haga frente a los grupos de interés no es un Estado republicano, y por ende, sus ciudadanos no son libres. La amenaza de la influencia del poder privado debe ser resuelta por el poder político. La distinción entre una y otra forma de poder viene dada por el apoyo –elección en nuestras democracias– de la ciudadanía o el pueblo. En la medida que la amenaza a la república son grupos que poseen poder, este republicanismo necesita de un Estado poderoso. Por ello, a diferencia del anterior, este republicanismo, no hace del control del poder político el máximo objetivo. Incluso puede entender que la división y fragmentación del poder político, lejos de representar el control ciudadano de lo público, termina permitiendo el control de los grupos de interés sobre el Estado.De ahí que, no entiende la corrupción solo como un problema de la desviación personal del político que concentra poder. Más bien, entiende que allí donde no se controle a los económicamente poderosos, será difícil evitar la intromisión de estos en la política.

Claro está que, como el otro republicanismo, llevado a su forma extrema éste se transforma en otra cosa. Si el anterior republicanismo fue rechazado por algunos republicanos por ser indistinto al liberalismo, este es negado por los anteriores republicanos por permitir el autoritarismo político o, lo que parecería peor, devenir populista. La ausencia de todo control a lo político –las elecciones son la principal fuente de control democrático actual– pondría en peligro a la república. Esta versión de republicanismo recibe el nombre de republicanismo democrático.

En resumen, el republicanismo gira alrededor del concepto de libertad, del de interés común o público y del Estado. Existen diferentes vertientes y hemos resumido sus dos formas principales. También existen intentos de superar la alternativa. Pero es claro que no se puede, al mismo tiempo, dividir el poder político y el poder extra político. Cada republicano evaluará cuál es la amenaza principal, en el sistema capitalista de la modernidad tardía, para la república. Pese a esta discrepancia, en ningún caso el republicano podrá rechazar la política como el medio en el cual el hombre se hace libre y al Estado como la cristalización institucional que se lo permite. Un republicanismo antiestatal o antipolítico representa un caso de contradicción en el adjetivo. Claro que, la política efectiva, no se rige por las reglas de la lógica ni de la gramática y, los republicanos, pueden caer en la contradicción anterior.