Siria, en el medio del fuego cruzado de las potencias

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En el 2011 corría todavía el primer mandato de Barack Obama; Chávez era aún Presidente de Venezuela; Dilma Rousseff comenzaba su mandato en Brasil; y, en nuestro país, se celebraban por primera vez las PASO. Para el sentido común todos estos hechos, sucedidos hace siete años, pueden sonar alejados de nuestro presente.

Sin embargo, hay un proceso, una guerra civil, que comenzó en ese mismo año y que hoy está más viva que nunca. Un conflicto en el que han muerto entre 353.593 y 498.593 personas, de acuerdo al Observatorio Sirio para los Derechos Humanos y que, según la ACNUR, provocó el éxodo de más de 5 millones de personas, que en gran parte emprendieron travesías de alto riesgo con el fin de escapar de una cruenta guerra civil y de las garras del Estado Islámico (ISIS).

Recordemos que la guerra civil siria se inició en el contexto de la llamada “primavera árabe”, que sacudió a gran parte de Medio Oriente y el Norte de África desde principios del 2010. Todo fuego empieza con una chispa. En el caso sirio, la chispa fue la dura represión estatal frente a manifestaciones populares, ocurridas por el encarcelamiento y tortura de unos chicos que habían pintado un mural contrario al régimen en la ciudad Siria de Deraa. Lo que comenzó con conflictos puntuales con sectores movilizados posteriormente derivó en una guerra civil entre el gobierno y diferentes grupos y organizaciones, en las que se agruparon las fuerzas rebeldes.  Asimismo, el prolongamiento del conflicto generó también el involucramiento de otros poderes con intereses en la región. A pesar de sus amplias diferencias de intereses, el principal aglutinador de estos Estados consistió inicialmente en derrotar al Estado Islámico, cuyo surgimiento y auge se facilitó por el vacío de poder ocasionado por la caída del estado sirio.

Esta última semana, a consecuencia de los bombardeos del sábado 14 de abril, Siria vuelve a estar en los “tabloides” ¿Y eso por qué es? Porque lo que pasa en Siria puede llegar a escalar a un conflicto aún mayor. Las hipótesis van desde un potencial enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia, o entre Irán e Israel, pero, por el momento, el presente marca una realidad más desesperante: la perpetuación de la agonía para la población siria.

El consenso respecto a que el ataque delineado por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña fue específicamente digitado para evitar daños colaterales es un factor que permite pronosticar que será improbable que el conflicto escale. Asimismo, el ataque, por más de constituir un acto simbólico contra el uso de armas químicas (no debe ignorarse la influencia del antecedente de Salisbury), no ha destruido la totalidad de los arsenales químicos de Al Assad ni tampoco modificó la situación actual en el campo de batalla, en el que el líder sirio viene con las de ganar hace tiempo.

El presente marca una realidad más desesperante: la perpetuación de la agonía para la población siria

De hecho, luego del ataque del 7 de abril en Duma, que estaba bajo control rebelde y que resistió por mucho tiempo el asedio de las fuerzas gubernamentales, Al Assad recobró el control de la ciudad, muy importante por su conexión con otras grandes ciudades del país y por su cercanía con Damasco. Cada vez es más claro que no será posible una resolución al conflicto sin Al Assad, quién con la ayuda rusa -e iraní- logró revertir la tendencia inicial que parecía alejarlo del poder. Putin fue clave tanto en el 2013, cuando medió para evitar una potencial incursión militar estadounidense –evitando el enforcementde la “línea roja” de Obama-, como en el 2015 cuando puso las fuerzas armadas y la aeronáutica rusa para sostener al líder sirio en el poder.

Previo al bombardeo, y aún luego del mismo, siguen circulando versiones cruzadas respecto a lo que verdaderamente sucedió en Duma el 7 de abril. Una de las más importantes: ¿por qué el bombardeo se realizó en forma previa a la investigación por parte de los expertos de la Organización para la prohibición de Armas Químicas (OPAQ)? Si bien resta esperar por la opinión oficial de los expertos, que arribaron a Duma el 21 de abril, tanto la OMS como Cascos Blancos corroboraron la existencia del uso de armas químicas. Es decir, no es solo un delirio Trump. Más allá del resultado de la OPAQ, es un hecho que Al Assad ha empleado en varias ocasiones este tipo de armamento y que este ha sido un arma “efectiva” a su favor.

Cada vez es más claro que no será posible una resolución al conflicto sin Al Assad, quién con la ayuda rusa -e iraní- logró revertir la tendencia inicial que parecía alejarlo del poder

Si indagamos un poco más dentro del rol de las potencias involucradas en el conflicto, queda claro que los Estados Unidos han modificado notoriamente su postura. Inicialmente, se involucró en Siria -durante la Administración Obama- a raíz de su lucha contra el Estado Islámico. Pese a que la política exterior norteamericana pretendía en ese momento llegar a negociaciones de paz y remover a Al Assad de su cargo, ahora ya está lejos de eso, con un Trump que intervino esporádicamente, como mediante el bombardeo del año pasado –más reducido que el presente-, y que quiere irse en el corto plazo de territorio sirio, retirando a los 2000 marines en el territorio que brindan apoyo a las fuerzas kurdas (principal aliado en la actualidad tanto como en la lucha contra ISIS). Al menos sí sus propios asesores de política exterior lo dejan hacerlo.

Tal como se mencionó previamente, Rusia ingreso activamente al conflicto sirio en el 2015, mediante su apoyo militar al régimen de Al Assad. Mientras que Putin alegó realizar ataques para disminuir al Estado Islámico, grupos rebeldes sirios (tal como la Coalición Nacional Siria) y Estados Occidentales sostuvieron que habían sido atacados tanto civiles como infraestructura de los opositores del gobierno. Previamente, en 2013, la mediación de Putin salvó a Al Assad a través del compromiso de la destrucción de los arsenales gubernamentales de armas químicas. Evidentemente, la promesa no fue cumplida. Por otra parte, tienen un gran interés en Siria tanto Turquía –con la intensión de evitar el establecimiento independiente de los kurdos sirios- e Irán –que pretende resguardar su influencia regional en competencia con Arabia Saudita, quién ha financiado a opositores de Al Assad, y mantener el importante corredor entre su territorio y el Líbano.

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Hasta el momento, han sido los intereses contrapuestos entre los grandes jugadores involucrados, y la férrea resistencia de Al Assad a abandonar el poder, lo que ha impedido llegar a una solución. Más allá de la existencia de la coalición internacional que ayudó a la oposición siria, y que intentó generar espacios para las negociaciones entre el gobierno y las distintas agrupaciones opositoras, no se han producido resultados sustantivos y perdurables en las negociaciones ni en la defensa de los derechos humanos en Siria. Pese los repetidos intentos de privilegiar una solución diplomática –apoyados también por la Unión Europea-, las trabas entre el gobierno, los opositores (y las distintas oposiciones) y las potencias extranjeras no han podido solucionarse ni en Ginebra, Sochi o Kazajistán. Las iniciales discrepancias respecto al alejamiento de Al Assad, sostenidas por los rebeldes, ya han dejado lugar a los desacuerdos sobre una posible nueva constitución con poderes recortados para su gobierno.

Como menciona el analista argentino Paulo Botta, el tridente ruso-turco-iraní sostiene actualmente una solución basada en la integridad territorial de Siria, la oposición a un Estado Kurdo y la permanencia de Al Assad. De concretarse el alejamiento de Estados Unidos del conflicto sirio, estos actores se encontrarían en una situación privilegiada para imponer una solución de este corte. De todas maneras, el posicionamiento de Estados Unidos en Siria es víctima de posturas erráticas, por lo que predecir su comportamiento sigue siendo una incógnita. Justamente, el bombardeo estadounidense fue una acción sorpresiva a la luz de las promesas previas de Trump de dejar Siria.

El rol de Estados Unidos va a ser un factor fundamental para el devenir del conflicto, ya que sin presión será cada vez menos plausible pensar en la toma de compromisos por parte del fortalecido régimen sirio. Asimismo, no es sustentable pensar en el mantenimiento de este tipo de medidas unilaterales -el bombardeo del 7 de abril-, ya que chocarían contra la paciencia de un Putin que ha advertido fuertemente sobre las consecuencias negativas de este tipo de decisiones, y que no va a retirarse de una zona clave, no solo por lo militar sino también por sus intereses económicos. En este contexto, es probable que más allá de hechos esporádicos, mientras permanezcan las disputas entre el gobierno y grupos rebeldes, la posibilidad de un cambio sustantivo en la arena interna de Siria-por ejemplo, para defensa de los derechos humanos o la apertura del juego político-será secundaria en un marco en el que prima la búsqueda de intereses egoístas de los estados intervinientes y la renuencia a perturbar la estabilidad en una zona caliente de globo.

El rol de Estados Unidos va a ser un factor fundamental para el devenir del conflicto, ya que sin presión será cada vez menos plausible pensar en la toma de compromisos por parte del fortalecido régimen sirio. Asimismo, no es sustentable pensar en el mantenimiento de este tipo de medidas unilaterales -el bombardeo del 7 de abril-, ya que chocarían contra la paciencia de un Putin que ha advertido fuertemente sobre las consecuencias negativas de este tipo de decisiones, y que no va a retirarse de una zona clave, no solo por lo militar sino también por sus intereses económicos.

 

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