Trump y lo posmo: la idea de “hechos alternativos” – Milagros Kruk

Se ha dicho mucho y se ha cuestionado aún más, la forma en cómo Trump y su equipo llevaron adelante la campaña presidencial.  Pero fue estos días, cuando Kellyanne Conway, la jefa de campaña de Trump y actual estratega del gobierno, quien en el marco de los eventos de la asunción del presidente electo de EEUU tocó la piedra angular de una problemática que vamos simplemente a denominar “de época”: la posmodernidad.

La cantidad de público presente durante el discurso inaugural de Trump fue un factor desencadenante del conflicto entre medios de comunicación y el actual gobierno norteamericano. Mientras que los medios aseguraban que la concurrencia y audiencia en general había sido mucho menor que en la asunción de Obama, el mismo Trump, durante un discurso pronunciado en la CIA, dijo que “A todo el mundo le gustó el discurso” y que “parecía como si hubiera 1 o 1,5 millón de personas y los medios muestran el Mall de Washington como si estuviera vacío”. Para rematar estas declaraciones y que no hubiera ninguna duda, Trump afirmó que estaba “en guerra con los medios de comunicación por ser los seres humanos menos confiables del mundo”.

A este panorama de tensión entre medios y el gobierno de EEUU, el Secretario de Prensa Sean Spicer, en declaración oficial de la Casa Blanca anunció que “Esta fue la audiencia más grande que alguna vez fue testigo de una posesión presidencial, punto.” Pero como los periodistas no estaban conformes con esta declaración, le preguntaron a Conway en un programa de TV, en qué datos o cifras se basó Spicer para semejante afirmación y su respuesta fue que no se debía ser tan dramáticos con el tema, ya que él no mentía, sino que simplemente se basaba en hechos alternativos.

Pero en definitiva ¿a qué quiso hacer referencia cuando dijo “hecho alternativo”? Primeramente cabe destacar lo desafortunado de la expresión, pero si miramos más allá, podemos ver en la postura de Conway un gesto más bien posmoderno. Por otro lado, “hecho alternativo”, suena a realidad paralela y como tal, a algo de la ciencia ficción y por ende ficticio e irreal. ¿Pero no hay algo de esto en lo posmoderno?

La posmodernidad, como afirma Rorty engloba en sí tantas definiciones que termina convirtiéndose en un concepto vacío; salvo por la vaga relación que hacen todas ellas a la perdida de unidad. Se la denomina como la caída de los grandes relatos o como la era de la supremacía de la comunicación y de la información. En general, la posmodernidad hace hincapié en una pérdida, en un malograrse o arruinarse. ¿De qué? Del Proyecto Moderno.

¿Qué significa esto y qué implica que Conway haya tomado una actitud posmoderna? Hasta finales del siglo XIX, los intelectuales se guiaban por  lo que hoy llamamos la idea moderna de Progreso, según la cual la humanidad avanza de forma coherente y homogénea hacia algo mejor. Una de  las herramientas de este progreso era la ciencia, con cuyo conocimiento el hombre se imponía sobre la naturaleza, dominándola y sacando provecho para sus avances.El pilar fundamental de la labor científica era la noción de verdad, ya que sin ella no se podría hablar de leyes generales de la naturaleza, las cuales explicaban el funcionamiento del mundo que nos rodea.Verdad en definitiva, significa describir cómo es algo realmente, siempre y en cada momento.

La explosión de la ciencia fuera de sus límites, de la mano de teorías como la de la relatividad, o la masificación de la información a través de la televisión y nuevas tecnologías, comenzaron a mostrar “realidades alternativas”. Todo esto comenzó a develar cómo la verdad no era más que una construcción histórica, y no una noción explicativa de un estado real del mundo. Las telecomunicaciones, la trasmisión en vivo, internet y el minuto a minuto, abrieron el juego a la diversidad de voces y lo que usualmente se llama sociedad de  la comunicación, la cual ofrece una variedad de múltiples “visiones de mundo”.

Actualmente se dice que la verdad se tornó un concepto débil, es decir que no estaría ya anclada a una tradición hegemónica autoritaria que impone una verdad única. Hoy, la verdad es para algunos relativa.

Nietzsche afirmaba que el mundo se había convertido en fábula y que todo se reducía a interpretaciones del mundo; en un momento donde ya no hay verdades fundantes y últimas (“Dios ha muerto”, nos dice también), solo resta construir nuestros propios discursos. Parece que Conway entendió bien esto y nos quiso montar su propia fábula. De eso se trata la posmodernidad; de generar interpretaciones, y el gobierno de Trump va a intentar aprovecharlo a su favor. ¿Puede Trump construir el relato de su gobierno y convencernos de su veracidad?

El equipo de Trump entiende las reglas de una sociedad posmoderna y también entiende que necesita plantarle un relato diferente a los medios de comunicación hostiles. Le urge construir la realidad del gobierno y del presidente actual de los EEUU, y la única forma de conseguirlo es lograr que su interpretación del mundo esté en circulación en todos losmedios posibles y que alcance instalarse para que, de este modo, modele una realidad. Para esto, la gente debe acceder al relato y dar su “voto de fe” al mismo. Esta adhesión numérica de simpatizantes al relato, es paradójicamente lo que va creando el aval del mismo: a más adeptos, la fábula se vuelve más sólida, pero no por su propio peso, sino por su recorrido y el espacio que ha ganado en los medios de comunicación.

Pero mientras que es claro que el nuevo gobierno de EEUU está ocupado en ver cómo construye la imagen de un presidente con un apoyo y adhesión mayor a la que los medios le otorgan, hubo entre las declaraciones de Trump y Spicer por un lado y la de Conway por otro, diferentes actitudes frente a la disputa con los medios, una disputa posmoderna donde la verdad es débil y en permanente construcción. Trump y Spicer, aún se plantean la instauración de una verdad única y estable que pareciera ligada a la autoridad; mientras que Conway, hablando de “hechos alternativos”comprende que la verdad es mutable a las circunstancias que la rodea, y que hoy por hoy,estas circunstancias son los “datos” que nos ofrecen los medios de comunicación, tan mutables como la verdad. Cuando llama a no dramatizar el tema, parece tener una visión más “liviana”, en tanto es consciente  de que, en definitiva, puede arremeterse un discurso diferente contra el de los medios. Estamos en la posmodernidad, eso es moneda corriente.

En definitiva, la respuesta a la pregunta ¿Qué es un hecho alternativo? Es sin duda: todo aquello que sea funcional a la construcción de un relato de verdad, es un “hecho alternativo”. La verdad pareciera transformarse en un punto de vista, un encuadre sobre las cosas y los sucesos. ¿No es acaso esto lo que hacen los medios?

Entrar de lleno en la “realidad” de los medios de comunicación, es aceptar los “hechos alternativos”, es abandonar la experiencia por la interpretación mediada por la narración de una voz ausente. La posmodernidad carga con esa amenaza, mientras que por otro lado, da voz a los vencidos por siglos. Esa amenaza es para Trump el ángulo perfecto por el cual pueda posicionar su imagen y construirse como presidente. Fue error de Conway no limitarse a instaurar la fábula, sino develar la condición de fábula de la misma. Solo se está intentando sacar provecho de la condición posmoderna, pero ya sabemos que el relato, esta vez más que nunca, es ficticio.

El equipo de Trump, a través de la voz Conway develó esta lucha posmoderna, que nos es bien conocida entre medios de comunicación e instituciones. Una lucha de construcción de enunciados, inestables y permeables. Una lucha que en arenas posmodernas, será eterna y sin vencedores. Una lucha que tiene como rehén a la realidad, acostumbrada ya a ser de mil formas, siempre funcional a los intereses de los poderes de turno.